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Publicado: 4 de Agosto de 2026
En un mundo que nos exige respuestas rápidas, decisiones constantes y adaptación continua, aprender a autorregular nuestras emociones se ha convertido en una habilidad vital. Pero ¿sabías que una de las claves para lograrlo está en nuestro cuerpo, más concretamente en el sistema nervioso?
El nervio vago, junto con el sistema simpático y su rama dorsal, juega un papel fundamental en cómo reaccionamos ante el estrés, el peligro o la calma. Conocer su funcionamiento es el primer paso para recuperar el equilibrio emocional desde dentro.
El nervio vago forma parte del sistema parasimpático, el encargado de ayudarnos a relajarnos, reducir el ritmo cardíaco y conectar con una sensación de seguridad y bienestar. Es el que se activa, por ejemplo, después de una comida o durante una respiración profunda. Un nervio vago activo nos permite calmarnos y responder desde la conciencia, no desde el impulso.
Por su parte, el sistema simpático es el responsable de ponernos en acción. Es el que entra en juego cuando hay peligro, cuando necesitamos defendernos o salir corriendo. Este sistema no es negativo: es nuestro aliado en momentos de urgencia. Sin embargo, cuando permanece activado durante mucho tiempo, puede generar estrés crónico y agotamiento emocional.
La tercera pieza es la rama dorsal del nervio vago, que se activa ante situaciones de trauma o estrés extremo. Es la que provoca esa respuesta de “congelamiento”, de quedarnos paralizados y desconectados. En estos casos, la persona puede sentirse apagada, sin energía, como si no pudiera reaccionar frente al mundo.
El equilibrio entre estos tres sistemas es lo que nos permite autorregularnos emocionalmente. Cuando el nervio vago está fortalecido, tenemos más recursos para gestionar la ansiedad, el miedo y las emociones intensas. Nos ayuda a mantenernos presentes, conectados y capaces de elegir cómo responder ante lo que ocurre.
Por eso es tan importante aprender a estimular el nervio vago y a regular nuestro sistema nervioso. A través de respiraciones conscientes, pausas activas, contacto con la naturaleza o incluso el canto, podemos comenzar a entrenar esta conexión interna que nos permite vivir con más calma, claridad y bienestar.
En el próximo artículo compartiremos ejercicios sencillos para activar el nervio vago. Mientras tanto, te invitamos a reflexionar: ¿estás escuchando las señales de tu cuerpo? ¿Estás dándole el espacio para calmarse y autorregularse?
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