/photos/459/459928951/1760378707196.png)
Publicado: 3 de Febrero de 2026
Hoy os traigo un tema sensible y profundamente transformador: ¿qué ocurre cuando se favorece a un hijo?
Es una realidad que muchas familias viven sin nombrarla. Padres y madres que, de forma consciente o inconsciente, otorgan más atención, validación o cariño a uno de sus hijos. A veces por afinidad, a veces por proyección, otras por repetir patrones heredados. Pero lo cierto es que esta dinámica deja huellas, y muchas veces dolorosas.
¿Cómo afecta al hijo no favorecido?
Carga con más esfuerzo para ser visto. Se esfuerza en exceso en la escuela, en el trabajo, en sus relaciones, buscando una validación que nunca llega del todo.
Desarrolla inseguridad y baja autoestima. Si no se le ha reconocido su valor desde pequeño, es difícil que lo reconozca de adulto.
Vive con culpa o reproches invisibles. Si expresa su malestar, se le acusa de celoso, exagerado o inmaduro.
Aprende que el amor es condicional. Solo si cumple ciertas expectativas, se le quiere. Esta creencia lo persigue toda la vida.
¿Y el hijo favorecido?
Puede vivir con culpa o presión por “ser el elegido”.
Se le exige más, se le permite menos equivocarse.
Desarrolla una autoimagen inflada o distorsionada.
Se vuelve dependiente del reconocimiento externo.
Puede repetir el patrón con sus propios hijos. Por lealtad inconsciente al hermano no favorecido, al que “quedó fuera”.
¿Por qué ocurre esto?
A veces los padres se ven reflejados en un hijo.
O proyectan en él lo que no lograron en su vida.
O atribuyen etiquetas como “el fuerte”, “el débil”, “el inteligente”, que condicionan todo el trato posterior.
¿Y qué consecuencias deja esto en la familia?
Rivalidad entre hermanos.
Relaciones tensas y distantes.
Adultos que siguen intentando ganarse el amor de sus padres.
Ambientes familiares donde el amor se vive como competencia, no como vínculo incondicional.
He visto estas heridas tanto en consulta de psiquiatría como en psicoterapia. Niños que llegan sintiéndose menos. Adultos que viven con baja autoestima y, al indagar, descubrimos que nunca fueron tratados con justicia emocional.
La buena noticia es que sí se puede sanar. Empezar por reconocer lo que ocurrió, sin culpas, pero con responsabilidad. Mirar a cada hijo con la misma capacidad de amar, valorando lo único que cada uno aporta. El amor no debería doler. Mucho menos dentro de casa.
Desde Centro Hope trabajamos para sanar dinámicas familiares que limitan el bienestar emocional. Si este tema te ha tocado, te invitamos a profundizar en:
www.centrohopecollege.com y en https://linktr.ee/beahoper
Tu historia puede cambiar. Empieza hoy.
/logos/c/v/cvtvjvjgo.png)


